José Luis Morlanes, Un exlíder de UGT del Baix Llobregat dirige Iqoxe, la empresa química donde se produjo el martes la explosión que sacudió a toda Tarragona y dejó tres muertos y siete heridos.

El consejero delegado es un histórico de UGT y del PSC, exconcejal de Cornellà con Montilla y exvicepresidente de La Seda de Barcelona.

En declaraciones para elllobregat.com, Morlanes, recuerda con satisfacción su paso por la UGT: “Yo me hice adulto en la UGT y tengo un recuerdo feliz de esa etapa. El sindicato venía de ser muy marginal en la comarca y Josep Maria Rañé lideró un esfuerzo por hacer de la UGT una fuerza central en el Baix Llobregat, al punto de que concluimos ganándole las elecciones sindicales a Comisiones Obreras por primera vez en la historia en 1990”.

Morlanes, que compareció ante los medios el pasado miércoles por la mañana en la sede de la Asociación Empresarial Química de Tarragona (AEQT) para dar su primera versión de los hechos, hace décadas que está vinculado a la antigua fábrica de La Seda y es un polifacético sindicalista y empresario que tuvo una carrera política y deportiva.

Fue secretario general de la UGT del Baix Llobregat, entre 1990 y 1998, donde tuvo oportunidad ya de conocer las actividades industriales de La Seda, que durante años fue la empresa cabecera de IQA.

Después fue presidente del Consell Comarcal del Baix Llobregat entre 1998 y 2003, teniente de alcalde de Urbanismo del Ayuntamiento de Cornellà con el expresidente de la Generalitat, José Montilla de alcalde (1999-2003), vicepresidente económico del RCD Espanyol y vicepresidente de La Seda de Barcelona.

Su trayectoria en esta firma, durante años una de las compañías más convulsas del panorama empresarial catalán, tuvo dos etapas. Llegó como ejecutivo en 2001 y dos años y medio después asumió la dirección general. En 2004 marchó al Espanyol pero en 2009 regresó y llevó a cabo una importante reestructuración de la compañía hasta que sus dos principales accionistas en 2013, BA Vidro y Caixa Gral colocaron de nuevo a Carlos Moreira al frente del grupo fulminando a José Luis Morlanes. Pero una vez más este histórico sindicalista y socialista volvió a la empresa de la mano del grupo extremeño Cristian Lay, cuando éste se quedó con los activos de La Seda de Barcelona en abril de 2014, después de que esta entrara en concurso de acreedores ante su incapacidad para afrontar los compromisos de pago de su deuda y el posterior desencuentro entre el principal accionista, BA Vidro, y el principal acreedor, Anchorage, que compró deuda con fuertes descuentos.

Trabajadores de Iqoxe hablaron con el Diari para denunciar lo que consideran negligencias en la forma de trabajar en la fábrica y asegurar que el accidente «se pudo haber evitado».

Aún consternados y conmocionados aún por lo sucedido y, sobre todo, por la pérdida de sus compañeros, varios trabajadores de Iqoxe, denuncian al Diari que «desde que el grupo Cristian Lay compró IQA –hace cinco años, en abril de 2014– y la renombró como Iqoxe aumentaron los recortes, al tiempo que se minimizó la inversión en mantenimiento y en personal cualificado. La tragedia se pudo haber evitado», dicen al unísono.

Los trabajadores, que piden mantenerse en el anonimato para evitar ser objeto de represalias, hablan con crudeza de las condiciones en que realizaban su trabajo y destacan que el jefe de planta fallecido, Òscar Saladié, «estaba sometido a un nivel de estrés inhumano».

Achacan lo sucedido a los continuos recortes de personal, que provocaron que no hubiera operadores suficientes para controlar los paneles y los reactores. «El motivo exacto del accidente quizá se sepa o quizá no, pero por supuesto que se pudo haber evitado. Para ello hacían falta dos ojos y dos manos, es decir, un operador. Y de eso es de lo que faltaba en Iqoxe», se quejan.

Los empleados critican que «lo único que importaba era producir, cuanto más mejor. Íbamos a saco. Era un despelote. Explotó un reactor, pero había cuatro más, había que sacar cuantos más productos mejor. A veces estaban los cinco reactores a tope, pero con poca gente de supervisión y a veces sin la cualificación necesaria. Era pura avaricia. Ganar dinero y más dinero, sin importar nada más. Y al final la avaricia rompió el saco».

Un aviso desoído

La situación era tal que incluso el lunes, un día antes de la explosión, el comité de empresa echó en cara al señor Morlanes haber puesto en marcha la planta de nuevo cuando no se contaba con el personal suficiente, pues lo había despedido en diciembre. «Siempre os estáis quejando. ¿Sabéis qué? Que igual traigo al cronometrador –‘El Sombras’– de nuevo y a ver si nos vamos a llevar una sorpresa», fue la respuesta del consejero delegado de Iqoxe, según recuerdan algunos trabajadores.

«Los despidos dejaron a la planta bajo mínimos, un enorme riesgo en caso de emergencia»

«Es que no parecían conscientes de lo que significa una empresa química –sostiene uno de los trabajadores–. Sólo querían producir, producir y producir, como si esto fuera una fábrica que produce en cadena como en la película de Charlot; no saben nada de química, ni lo que es una molécula, ni lo que una mala mezcla puede suponer, ni que hay procesos que requieren un tiempo de reacción…».

Y quedarse bajo mínimos era correr un riesgo mayúsculo, como ya habían anunciado los empleados en reiteradas ocasiones. «Ante una situación de emergencia los operadores son equipos de primera intervención junto al bombero de la fábrica, al cual, por cierto, quisieron eliminar. Menos mal que la legislación se lo impidió, ya que la ley exige que por los productos que se fabrican haya un bombero las 24 horas».

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